Mi Erasmus en Alemania: Una Experiencia Transformadora
Habían pasado más de dos años desde que comencé a estudiar en Francia, y mi amor por la historia del arte, la arquitectura y la cultura seguía creciendo. Sin embargo, este año estuvo marcado por la monotonía debido a la pandemia de coronavirus. Afortunadamente, surgió la oportunidad de romper esta rutina y explorar una nueva cultura: el programa de intercambio Erasmus, que realicé bajo la tutela del escultor Carl Emanuel Wolff y con el aliento de Rainer Oldendorf. Aproveché la oportunidad y elegí Dresde como destino. A continuación, un resumen de esta experiencia inolvidable.
Elegir Dresde: Una Decisión Bien Meditada
Elegir un destino no fue fácil. Con tantas posibilidades, tuve que sopesar las ventajas de cada ciudad. Mi objetivo principal era mejorar mis habilidades lingüísticas y ampliar mis conocimientos en un entorno diferente. Dresde, con su rico patrimonio en historia del arte y literatura, se presentó como la elección ideal. La ciudad es una joya del Romanticismo y el Expresionismo, dos movimientos que me fascinan especialmente.
Preparativos y Desafíos: Un Camino Lleno de Obstáculos
La idea de ir a Alemania era emocionante, pero también estresante. Afortunadamente, mi profesora de alemán en Francia me orientó y me animó a solicitar la admisión en la Academia de Bellas Artes de Dresde (HFBK). Gracias a su apoyo y a la obtención de una beca, pude superar los obstáculos económicos y embarcarme en esta aventura. Sin esta ayuda, habría sido imposible cubrir los gastos de vida y estudio en un nuevo país.
La Vida en Dresde: Una Mezcla de Culturas y Descubrimientos
Desde el momento en que llegué a Dresde, supe que había tomado la decisión correcta. Esta ciudad, situada a orillas del Elba, es un verdadero crisol cultural. Vivir en una residencia de estudiantes Erasmus me permitió conocer a estudiantes de todo el mundo. Juntos, compartimos nuestras culturas, cocinamos platos tradicionales y aprendimos los unos de los otros. Organizamos pequeñas fiestas para Navidad y Año Nuevo, un concurso de decoración de casas de jengibre, un programa artístico y un intercambio de regalos tipo amigo invisible. Estos momentos de intercambio y descubrimiento enriquecieron mi experiencia mucho más allá del aula.






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La Vida Cotidiana de un Estudiante Erasmus
El sistema universitario en Dresde era diferente al que estaba acostumbrada. Al principio, estaba un poco nerviosa, pero la cálida bienvenida de mis profesores y compañeros de clase rápidamente alivió mis preocupaciones. Una de las experiencias más memorables fue una cena preparada por nuestro profesor después de la primera reunión oficial. Este tipo de cercanía e intercambio era nuevo para mí y contribuyó enormemente a mi integración.
Las restricciones relacionadas con la pandemia limitaron nuestra capacidad de visitar museos, pero nuestro profesor de historia del arte se adaptó presentándonos colecciones privadas y los tesoros arquitectónicos de Dresde. La academia ofrecía un entorno creativo con numerosos talleres. Exploré diversos campos, desde el dibujo hasta el grabado y la fotografía. Las técnicas de grabado que aprendí allí se describen en profundidad en el arte del aguafuerte.
Los Desafíos de una Aventura en el Extranjero
Aunque esta experiencia fue enriquecedora, no estuvo exenta de dificultades. Me enfrenté a problemas como el bloqueo de mi tarjeta SIM francesa, inconvenientes con transferencias bancarias e incluso el confinamiento que restringió nuestros movimientos. Estar en una ciudad extranjera con un conocimiento limitado del idioma local resultaba a veces desconcertante. Pero estos desafíos son una parte integral de la experiencia Erasmus y me ayudaron a crecer.
Una Experiencia Inolvidable
Participar en un programa de intercambio como Erasmus es una aventura única que va mucho más allá del aprendizaje académico. Me sacó de mi zona de confort y me proporcionó recuerdos y amistades invaluables. Aunque no todo fue perfecto, cada dificultad encontrada formó parte de un viaje más amplio que me enriqueció personal y profesionalmente.
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En definitiva, mi estancia en Dresde fue una experiencia transformadora. Me permitió descubrir una nueva cultura, mejorar mis habilidades artísticas y construir relaciones duraderas. Si tienes la oportunidad de participar en un intercambio internacional, te animo encarecidamente a hacerlo. Es una oportunidad para crecer y ver el mundo desde una nueva perspectiva.








